Estos últimos meses, muchas familias y profesoras me han pedido cuentos para separaciones. No sé si es por la pandemia… No puedo sacar conclusiones todavía. Lo que si podemos hacer es acompañar estos momentos dificiles de la infancia, sugiriendo algunas herramientas para las familias y escribiendo este cuento:
Autores ©: Anita Isla y Manuel Valmorisco
El rayo de sol entró por la ventana y fue atravesando todo el dormitorio hasta que alcanzó la cara de Juan, que dormía como un leño con una sonrisa feliz. La luz que atravesaba sus párpados era fuerte, muy fuerte. ¡Qué raro! Juan no estaba acostumbrado a que el sol le diera en la cara por las mañanas. Dio la espalda al sol; no quería despertarse todavía. Que nada interrumpiera el sueño mágico que estaba teniendo:
Iba andando por la ribera de un rio poblada de árboles. La corriente hacía un ruido melodioso al pasar sobre las piedras redondas del lecho. Tras una curva, en medio de una pradera dorada, había un unicornio. ¡Un unicornio! Solo los había visto en los grabados de los libros de su abuelo y en algunos dibujos animados. Su abuelo le contó que era un animal mágico.
Este era impresionante. Su pelo negro brillante hacía que el cuerno pareciera aun más blanco. Juan quedó petrificado mirándolo. Con un trote suave, el unicornio se acercó. Su cuerno medía más que el niño. Se paró muy cerca y le habló:
–Me han dicho que estás triste y he venido para alegrarte con una cabalgada que te quitará todas las penas.
–¿No me harás daño? –Contestó Juan.
Juan estaba un poco asustado con el cuerno y el porte del animal, pero le tranquilizó que supiera que estaba triste. Seguramente su cuerno le sirve de antena para captar noticias de los niños, pensó. El unicornio dijo:
–Los unicornios no podemos hacer daño a los niños, a veces si cabalgamos muy rápido, se marean pero no te preocupes, hasta que te acostumbres, iré a medio galope. Ánimo, monta…
La cabeza de Juan apenas llegaba a la panza del unicornio ¿Cómo iba a subirse a su grupa? Entonces este bajó su cabeza y dijo:
–Cuélgate con las dos manos de mi cuerno.
Con un giro rápido de su cuello, levantó al niño del suelo y lo lanzó sobre su grupa mientras arrancaba y decía:
–¡Vámonos, Juan, muchas maravillas nos aguardan!”
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