Bombardeos, dibujos realizados por niños durante la Guerra de España. 1936-1939, donde se bombardeó por primera vez a la población civil. BNE
Autores: Anita Isla y Manuel Valmorisco ©
Ya en tiempos de paz, los niños están ausentes de muchas decisiones de los gobiernos, pero cuando estalla una guerra es evidente que nadie les dedica ni un segundo de reflexión.
Pensemos en los niños y las niñas de Ucrania. Arrebatados, de un día al otro, de su vida familiar, cotidiana. Absolutamente superados por los acontecimientos inimaginables e incomprensibles para su entendimiento. Los que todavía esten en sus hogares -que ya no son su lugar seguro- vivirán corriendo a los refugios anti aéreos cada vez que suenen las sirenas y las explosiones. Pasando el día en la habitación más interior de la casa, lejos de las ventanas. Sin colegio, sin parque, sin calle. Su mundo se desmorona y no tienen ninguna capacidad de entender por qué. Según los medios, cuatrocientos mil niños, están viviendo en la zona invadida.

Los desplazados, más un millón de mujeres y niños, huyen por las carreteras, en trenes o a pié. Se alejan del peligro de las bombas pero se enfrentan a otros: Vivir a la intemperie en una época de bajas temperaturas y dormir en hangares o estaciones sin calefacción ni electricidad supone un alto riesgo de enfermedades respiratorias. La escasez de agua potable, además de la deshidratación, implica menos higiene y las consiguientes enfermedades de la piel e intestinales. Además, tendrán que realizar caminatas desfallecedoras…Y la posibilidad del abuso, que siempre acompaña a mujeres y niños desprotegidos. Lo que hemos visto en tantas guerras y éxodos masivos.

En estos momentos, equipos de Pedagogía de Emergencia Alemania están en Cracovia formando profesores y responsables sociales para recibir a los niños e intentar que este gran trauma no se instale en ellos.
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