CUATRO CUENTOS para celebrar en cuarentena: 1.Nacimientos, 2.Cumpleaños, 3 y 4.La partida de seres queridos.

Libro cortesia de The Walters Arts Museum, Baltimore, U.S.A. Caligrafía Gregorio Valmorisco

En estas semanas de aislamiento, la vida sigue su curso. Unas veces con sucesos felices, otras con pérdidas. Una buena manera de acompañar a los niños/as, de cuidarlos y auto cuidarnos, es abordar estas situaciones narrando o escuchando cuentos. Con mucho cariño, traemos aquí cuatro que describen metafóricamente estos momentos profundos de la vida y de la muerte. Los visten con imágenes que abren nuestras alas, despegan nuestra imaginación y elevan la esperanza. Guardan en sí mismos verdades que no necesitan mayores explicaciones. Para niños y niñas serán mensajes ajustados a su etapa de desarrollo. Para nosotros, los adultos pueden ser un bálsamo en esta incertidumbre. Para todos, un momento de vínculo inolvidable que durara más allá del encierro. 

“¿Eres un niño? Busca al grande de las fábulas y pídele que las lea y luego te cuente…otras. ¿Y después? Encuentra a un niño más niño y crea tus propias fabulas para él. Al hacerlo serás tu mismo más grande y más niño. ¿Eres grande? ¡Mentiroso!

Luis Weinstein. Fabulario, Antología de Fábulas, Parafábulas y Préfabulas. Ediciones Co.incidir, Santiago de Chile, Marzo 2020

1.El Viaje de la Cigueña.

Cuento inédito para celebrar nacimientos

© ilustración María de los Angeles Sotomayor
El autor, ©Manuel Valmorisco, ha querido publicarlo aquí por primera vez para ayudar a celebrar todos los nacimientos en estos días difíciles. También ha cedido la imagen la ilustradora María de los Ángeles Sotomayor.

Hoy llegó una cigüeña a los prados frente a la casa. Estuvo campeando en una lagunilla que había aparecido tras fundirse la última nevada; luego voló a mi tejado y me contó:

-¡Qué viaje largo! ¡Una epopeya! Con el viento de cara, cargando con una criatura que pesaba cuatro kilos y cuarto. El Atlántico se me hizo eterno… Tardé en cruzarlo más de lo previsto. Por fin, me adentré en Brasil siguiendo el curso de un rio enorme que reflejaba el cielo como un espejo; ya en la selva, unos cúmulos, sobresaliendo como castillos por encima del mar de nubes, me obligaron a ganar altura hasta sobrepasarlos; no quería que la tormenta y los rayos despertaran a la niña.

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