«Las epidemias permiten entender la humanidad y la historia. Tocan las fibras más íntimas de nuestra naturaleza humana…Nos plantean preguntas de vida o muerte y nuestra actitud hacia ambas. Nos preguntan sobre nuestra ética. Nos muestran si nuestro mundo se preocupa por la gente más necesitada. Las epidemias son como mirarse en el espejo de la humanidad. Y puedo decirle que no todo es bello. Tenemos un lado oscuro. Pero también un lado brillante, hay héroes en esta historia» Frank Snowden, Autor de Epidemics and Society: from Black Death to the present. Entrevista en La Nación. Buenos Aires, Marzo 2020
La aparición de cepas más contagiosas del virus está alterando y dilatando el esperado fin de la pandemia. Desafiando al optimismo una y otra vez con crisis inesperadas.
En Israel, la libertad para estar sin mascarillas en lugares cerrados duró solo ¡10 días! por un repunte exponencial de los casos y una posible cuarta ola.
En España, tras decretar el fin del estado de alarma, con las cifras de contagios bajando y las de las vacunaciones en record; cuando celebraban haber mantenido las escuelas abiertas durante todo el curso; en los mismos días en que se eliminaba la obligación de mascarillas al aire libre, se declara un súper brote entre estudiantes que habían hecho el viaje de fin de curso a Mallorca: Más de 2000 casos positivos de coronavirus y casi 6000 jóvenes en cuarentena, repartidos por todas la regiones. El gobierno de la isla rastrea y confina en un hotel a casi un centenar de estudiantes. Tres jóvenes escapan del hotel. Varios padres recurren en los tribunales denunciando detención ilegal… otros sacan casi por las bravas a sus hijos de allí.
En Chile, tras un 2020 en que las clases presenciales fueron escasa o nulas, abrimos este año escolar con muchísima esperanza y alegría. La cara de niños y niñas al volver al jardín y reencontrase era maravillosa. La alegría no duró mucho: A las cuatro semanas tuvimos que volver al confinamiento. Esta vez conocíamos el fenómeno, estábamos más preparados y pudimos acompañar a las familias, haciéndoles llegar materiales y actividades con mayor eficiencia. Tras cuatro semanas de cuarentena, los niños volvieron al jardín pero, de nuevo a las cuatro semanas… ¡otra cuarentena! Entrando y saliendo así es muy difícil que los niños adopten el ritmo estable que necesitan para, entre otras cosas, fortalecer su sistema inmune. En especial, para los que asistían por primera vez y necesitaban un periodo de adaptación a esta nueva situación de vida: compartir con otros… Inesperadamente, la cuarentena se levantó a las dos semanas. Volvimos a tener a los niños en el jardín pero solo para una semana porque llegan las vacaciones de invierno. Tuvimos que decidir qué hacíamos en unos pocos minutos ¿Tomábamos vacaciones o seguíamos las clases para que los niños no sufrieran otra interrupción de su ritmo?
Los tres ejemplos de estos países retratan la época. Estamos subidos sin querer a una montaña rusa cruel, llena de sorpresas, giros de guion y caídas en el vacío. Dilemas que necesitan respuestas sin tiempo para reflexionar lo suficiente. Tiempos volátiles, difíciles… La incertidumbre sigue aquí y llevamos el desgaste de 15 meses de pandemia que nos afectan ¡Cómo no iban a afectarnos si ha sido un drama del que no había antecedentes desde la gripe y la tuberculosis de hace un siglo! Estamos todos fuera de nuestro equilibrio, de nuestro centro. Alterados. Crece la polarización en las discusiones y nos echamos culpas los unos a otros.
Aceptémoslo, comprendámonos. Por nosotros y por nuestros jóvenes, niñas y niños. Intentemos reducir el efecto de estos sube y baja, de estos vaivenes, manteniendo la calma frente a ellos y, sobre todo, frente a los dilemas y problemas que su educación está planteando. No podemos detener los altibajos de este desastre pero si paliarlos. Para ello, os proponemos :
1. Rescatarse a si mismo: auto cuidarse. 2. Despolarizarnos: no sobre reaccionar en las discusiones y escuchar con generosidad. 3. Colocar siempre a los niños en el centro de nuestro pensamiento y nuestras decisiones
1. Recatarse a sí mismo
Tenemos que volver a encontrar nuestro centro. Así irradiaremos serenidad y paz a la infancia, familia y colegas. Te proponemos tomar este hábito sencillo que recomienda el experto mundial en trauma, Doctor Bessel Van der Kolk, cuya sabiduría ha estado guiándonos durante la pandemia:
Te invito a que prestes atención a lo que se siente al estar sentado en la silla en este momento. Fíjate dónde están tus pies. Concéntrate en tu cuerpo, solo observa dónde estás. Respira.
Hazlo cada mañana antes de comenzar la jornada. Repítelo en el día y, sobre todo, antes de una reunión o discusión importantes.
Además, en este blog encontrarás el artículo sobre auto cuidado que escribimos para la cuarentena: Mejor que imaginar donde nos llevará esta tormenta, es ocuparnos de que la capitana/ el capitán llegue bien, dedicado a mamás, papás y responsables educativos. Míralo aquí. Está escrito con cariño y tienen consejos valiosos para este momento.
2. Despolarizarnos
Todos estamos alterados, mejor conceder al otro el beneficio de la duda. Aceptar que aunque sus decisiones o sus opiniones no nos gusten, son tan bienintencionadas como las nuestras. Evitemos polarizarnos en las discusiones, no empecinarse en lo que creemos que es correcto. Respetar. Escuchar. Respirar antes de contestar. Acoger. Tengamos compasión los unos por los otros, sabiendo que estamos afectados por tantos meses de encierros, con miedo a la muerte propia y la de nuestros seres queridos, al derrumbe de nuestros ingresos… Apostemos por la confianza en nosotros mismos y en nuestras comunidades. A pesar de errores, hemos reaccionado con velocidad y solidaridad. ¡Confiemos!
3. Poner siempre a los niños en el centro
La infancia necesita ritmo y esta época es lo contario. Los niños necesitan escuela, nos llevan diciendo desde el primer gran confinamiento cuánto echaban de menos a sus compañeros y a sus profesores. Un buen ejercicio es mirar nuestra infancia y adolescencia y reconocer la importancia de esos encuentros y cómo han modelado nuestra personalidad… Hoy están accesibles los estudios y estadísticas del deterioro de la salud mental en estos grupos etarios. Cada familia, cada comunidad educativa tiene sus problemáticas, tiene que hacer su diagnóstico y tomar iniciativas en un ambiente reposado y sin enfrentamientos.
En nuestro jardín, resolvimos ¡en pocos minutos! que no íbamos a cerrar durante las vacaciones. Una decisión que desbarataba nuestros planes familiares y nuestra necesidad de descanso… Hay quienes piensan que las cuarentenas han sido un periodo de pausa para los docentes… Me atrevo a decir que es cuando hemos tenido que realizar más trabajo.
Nos pareció que, tras tantas interrupciones, debíamos ofrecer a los niños un periodo de ritmo constante. Es lo que necesitan, lo que les consuela, lo que les hace felices, lo que los sana. Tal como va la montaña rusa, pueden ser que el resto del curso sea normal o quizá tengamos que cerrar otras veces. ¿Quién lo sabe?
Entre los papás y las mamás del jardín hubo un porcentaje importante que aprobó nuestra decisión y otro que disentía. Ambas partes tenían razones y fundamentos válidos. El dilema vacaciones/ritmo de los niños no era menor.
Nuestro jardín va a seguir sin interrupción al menos otras cuatro semanas. Solo pedimos que entiendan que nuestra elección corresponde al estilo de esta época. Dramática, difícil y reactiva ante acontecimientos muy rápidos. Padres, madres y colegas, aunque ustedes opinen lo contrario, acepten que lo hemos hecho pensando en nuestros niños, que les ha tocado crecer en esta época sobresaltada, sin mapa ni seguridades. Poner a la infancia y a la adolescencia en el centro de nuestro pensamiento ayudará a reducir su vértigo en esta “fantasilandia” cruel que les ha tocado vivir.
Madres, padres, colegas, Cuídense, los queremos.
Autores: Anita Isla y Manuel valmorisco
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